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domingo, 14 de febrero de 2010

El Museo de Todo

Esta tarde, escuchando Radio 3 me he enterado de la reciente apertura (en octubre del año pasado) de un museo de arte outsider en Londres. Se llama The Museum of Everything y se encuentra en una antigua lechería y estudio de grabación en Primrose Hill.

El museo parte de una idea del coleccionista James Brett y sugiere múltiples significados para el término outsider art mientras cuestiona la noción de museo como un espacio dedicado a un área concreta de nuestro patrimonio cultural. Los creadores reunidos en esta primera exposición son considerados fuera de los parámetros de la cultura oficial y están distribuidos siguiendo ciertas afinidades tácitas. Existe por ejemplo una pared dedicada a los mensajes redentores y también hay rincones y cavernas semi-escondidas para albergar las obras más misteriosas. Entre los creadores seleccionados se encuentran Monsiel, Gill, Carlo, Ramírez, Darger o Aloise.


Nek Chand

Hiyuki Doi, 2009

Alexander Lobanov, 80's


No he encontrado ninguna fotografía del aspecto exterior del museo pero leyendo aquí y allá, he creído entender que se trata de un edificio destartalado en un complejo industrial al que se accede por una pequeña puerta negra difícil de encontrar. Ello no impide que se hayan formado largas colas a su puerta con esperas de hasta 40 minutos y que la duración de esta primera exposición se haya extendido desde octubre hasta el día de hoy.

El éxito viene en parte por las acciones desplegadas para promocionarlo. Se aprovechó el flujo de visitantes a la feria de arte contemporáneo FRIEZE para ubicar una monja en la entrada que repartía flyers e indicaciones para llegar al otro museo, el Museo de Todo.

The Museum of Everything

Otra clave del éxito: para esta primera exposición James Brett propuso a artistas y figuras relevantes de la cultura que escogieran uno de los autores del museo y escribiesen un texto, que luego figuraría junto a las obras del mismo. Annette Messager, por ejemplo, escogió a Aloïse Corbaz. Otros colaboradores fueron Ed Ruscha, Eva Rothschild, Tal R, Jamie Shovlin, Bob & Roberta Smith, Richard Wentworth, Idris Khan, Arnulf Rainer, Ed Ruscha, Jockum Nordstrom, Klara Kristalova, Karin Mamma Andersson, Mark Titchner, Jarvis Cocker, Nick Cave y Anthony Hegarty.

The Museum of Everything

Sin duda han sabido sacarle partido a la propuesta aunque… lo cierto es que los románticos sufrimos un poco con el marketing cuando éste se apropia de las cosas con voracidad. En parte porque no podemos justificar nuestro apego a que las cosas que nos gustan permanezcan tal y como nos gustan, en una especie de terreno semi-privado. Es probable que ese recelo que me provoca ver el diseño fresco y atractivo de su web y conocer sus efectivas acciones de marketing de guerrilla sea absurdamente reaccionario. Éste no es el primer museo que se abre sobre el tema, ni mucho menos el más importante, de hecho la única diferencia respecto a los otros es que éste es fashion.

Sólo para despistar voy a terminar con un verso de Jorge Riechmann en Rengo Wrongo “La vida es sencillamente lo contrario del marketing”.

jueves, 28 de agosto de 2008

El Pasatiempo de Betanzos, en Galicia








Hace ya dos veranos que visité el Pasatiempo de Betanzos, el gran capricho de Juan García Naveira, recientemente salvado del abandono en que cayó desde la muerte de su autor en 1933. En su decadencia, se vio convertido en campo de tiro (durante la guerra civil) y en estercolero local años más tarde.

Su autor dedicó a su construcción 20 años, con fines didácticos además de recreativos, pretendía ilustrar a las gentes sobre diversos temas que interesaban al autor, por ello también se le llamó El Capricho Enciclopédico.

Juan García Naveira había viajado mucho y deseaba volcar su memoria y sus conocimientos en esta especie de museo fantástico. Éste recoge, como un gabinete de curiosidades al aire libre, hechos históricos, experiencias de sus viajes, alegorías e incluso reproducciones de obras de arte célebres.

En total abarca unos 8000m2 de terreno distribuidos en varios niveles. Cuenta con un inmenso jardín con estanques, un laberinto, varias grutas y terrazas.
El conjunto se vio afectado por la construcción de la carretera A6 que lo divide en dos mitades. En la actualidad una pasarela aérea comunica el inmenso jardín con la parte que podríamos llamar "parque temático" donde se encuentra la mayor parete de las esculturas, pinturas, etc...

sábado, 12 de abril de 2008

Wonder rooms

Gabinete de curiosidades. Fuente: http://microcosms.ihc.ucsb.edu/essays/index.html

En los siglos XVI y XVII aparecieron las Wunderkammer, Wonder rooms o gabinetes de curiosidades. Se trataba de habitaciones en las que se recogían objetos curiosos de todo tipo, a menudo procedentes de las exploraciones y descubrimientos de la época.

En ellas el coleccionista establecía categorías, jerarquías y analogías entre los objetos. Recreando un universo en miniatura, un microuniverso.

A lo largo del SXVIII las Wunderkammer tienden a desaparecer y cobra fuerza un nuevo concepto: el museo. En él pierde importancia el papel del coleccionista, se segrega el conocimiento en disciplinas y se abre al público en general.

El mundo en miniatura de las Wonder rooms ayudaba a comprender la inmensidad del macrocosmos. Gracias a la posesión de objetos y su asimilación se accedía a una representación del mundo que le proporcionaba al coleccionista la sensación de control y poder sobre el inmenso mundo exterior.

El concepto de Wonder room sigue fascinándonos en nuestros días. Existen seguidores de coleccionistas célebres que forman sociedades para descubrir rarezas de todo tipo. Un ejemplo es la sociedad que gira en torno a Athanasius Kircher
También artistas como Kiki Smith se han interesado por el término y han tomado prestado el concepto como inspiración para sus instalaciones.

Esa ilusión de control que proviene de descubrir y poseer fragmentos del mundo reside también en muchos artistas outsider que acumulan objetos diversos que a menudo terminan formando parte de sus creaciones. Algunos de ellos son Mary Proctor, Grandma Prisbey, Bodan Litnansky, Gabin Bennet...

Creo que incluso este blog puede responder un poco al mismo principio.


Le Jardin du Coquillage. Bodan Litnansky. Fuente: http://www.tate.org.uk/britain/exhibitions/outsiderart/environments/france_large.htm

Museo de la Segunda Infancia. Gabin Bennet. Fuente: http://www.rawvision.com/articles/47/bennett/bennett.html

sábado, 5 de enero de 2008

Arte a partir de los 60 años

Vollis Simpson "Molinillos gigantes"
Fuente: MAIZELS, John (1996) Raw Creation. Outsider Art and beyond.
Hong Kong, Phaidon

Vollis Simpson "Molinillos gigantes"
Fuente:
SCHUBERT, Marcus (1991) Outsider art II: Visionary environments. Kyoto, Art Random 75.

Tressa Prisbey "Bottle Village"
Fuente: SCHUBERT, Marcus (1991) Outsider art II: Visionary environments. Kyoto, Art Random 75

Tressa Prisbey "Bottle Village"
Fuente: SCHUBERT, Marcus (1991) Outsider art II: Visionary environments. Kyoto, Art Random 75

Tressa Prisbey, comenzó a construir a los 60 años el que sería llamado Bottle Village. Todo empezó por la necesidad de levantar un lugar para guardar su colección de 17000 lápices. Pensó que una manera económica de hacerlo podría ser servirse de botellas amalgamadas con cemento. Debió encontrar la experiencia muy gratificante pues dedicó los veinte años siguientes a la construcción de otras trece casas de botellas, dos pozos de los deseos, una fuente, varias plantaciones, dos altares y un paseo de mosaicos. Los únicos materiales que compró fueron cemento, arena, papel de pared y vigas de madera. El resto lo tomó del vertedero local.


Tressa se casó a los 15 años con un hombre de 52 que ya tenía siete hijos. Le dejó, quedándose a cargo de los niños, seis de los cuales murieron. En su obra hay abundantes referencias a la maternidad y también invocaciones de magia simpática (pozos de los deseos, amuletos…). De lo que más orgullosa estaba La señora Prisbey era de su capacidad para generar algo de la nada.

“Cualquiera puede realizar cualquier cosa con un millón de dólares. Fíjate en Disney. Pero hace falta algo más que dinero para crear algo de la nada, y mira lo bien que me lo he pasado haciéndolo.”
Tressa Prisbey

Otra demostración de vitalidad e imaginación: Vollis Simpson, que era fabricante de maquinaria para transportar casas. En su jubilación aplica sus conocimientos en la construcción de unos molinillos de diez metros de altura a partir de carrocería y otros desechos de vehículos. En Alcolea del Pinar, Guadalajara, tenemos el ejemplo de Máximo Rojo. A los 67 años comienza a transformar su jardín en un museo que llamará “El Jardín Escultórico”
(ver entrada “Museos personales”)

sábado, 22 de diciembre de 2007

Museos personales

Le Jardin Encyclopédique en Isorno Valley, Suiza, de Armand Schultness

Entre aquellos que dan rienda suelta a su creatividad modificando su entorno o vivienda encontramos a quienes pretenden crear un museo personal. Un museo entendido como un lugar que recoge todas sus experiencias, sabiduría y objetos acumulados a lo largo de los años. Es curioso observar que la mayoría de estas personas colecciona piedras, botellas, latas o muñecos que a menudo emplea después en sus construcciones. Me surgen varias dudas ¿qué es lo que nos/les empuja al coleccionismo? ¿Qué tiene de particular este coleccionismo que se basa en la recuperación de materiales? ¿Está emparentado con el síndrome de Diógenes? ¿es una locura asociar esta voluntad de personalizar y diferenciarse con un fenómeno como el tunning?

El Jardín Escultórico de máximo Rojo. Fotografía: Graciela García

El Jardín Escultórico de máximo Rojo. Fotografía: Graciela García

En España, encontramos entre otras la obra de Máximo Rojo, un abigarrado conjunto de más de 400 esculturas figurativas modeladas en cemento con piedras incrustadas y estructuras de alambre o hierro forjado en el interior. En ocasiones se sirve también con fines expresivos de plástico, madera o papel. No está claro si el autor (un agricultor que nunca se había interesado por el arte) comenzó su museo como un divertimento para combatir el ocio de la jubilación o por una "llamada interior", desde luego su impulso debió ser lo suficientemente fuerte como para vencer las reticencias de su esposa y vecinos. Máximo Rojo reprodujo en su jardín el saber que había adquirido en manuales de Geografía e Historia desde que aprendió a leer a los 20 años. El conjunto de su obra se recogía bajo el nombre El Jardín Escultórico Universal y podía visitarse en Alcolea del Pinar (Guadalajara). Tras el fallecimiento de su autor en 2006 el jardín permanece cerrado y sin mantenimiento alguno.

Museo de las Perdices. Fotografía: Graciela García

Museo de las Perdices y casa excavada en la roca de Lino Bueno. Fotografía: Graciela García

Como por contagio, a pocos metros del museo de Máximo Rojo, en Alcolea del Pinar, encontramos la impresionante casa excavada en la roca por Lino Bueno y otro museo personal: el Museo de la Perdices. Se trata de un lugar peculiar, a medio camino entre museo, bar y taller. Allí encontramos antigüedades de todo tipo intercaladas con obras del autor (escultura y pintura). Lo visitamos en agosto del año pasado y pudimos conocer al mismo Perdices que nos ofreció un refresco y una guía personalizada a cambio de la voluntad para el mantenimiento del museo. Nos dijo que estaba en desacuerdo con su inclusión en el libro “Escultecturas Margivagantes” que había aparecido unos meses antes y reseñaba las intervenciones del entorno y la arquitectura en España. También habló con cierta superioridad de sus paisanos Lino Bueno y Máximo Rojo a quienes consideraba en la inferior categoría de artesanos.


Museo de las Perdices. Fotografía: Graciela García
Museo de las Perdices. Fotografía: Graciela García

Museo de las Perdices. Fotografía: Graciela García


Entre todos los museos personales, me fascina Le Jardin Encyclopédique en Isorno Valley, Suiza, de Armand Schultness (1901-1972).

Le Jardin Encyclopédique en Isorno Valley, Suiza, de Armand Schultness

Ahora completamente destruido, Le Jardin Encyclopédique consistía en un área de 18.000 metros cuadrados disponiendo de una cadena de caminos, puentes, senderos, escaleras y puntos de vista panorámicos, por los que se desarrollaba una red de alambres de la que pendían cientos de placas hechas a mano con inscripciones. Ubicadas principalmente en los árboles, estas placas eran realizadas con viejas latas arrugadas sobre las que pintaba con óleo para después escribir textos en cinco idiomas mostrando su conocimiento enciclopédico en temas como Geología, Astrología, Matemáticas o Psicología.

Cuando las placas estaban deterioradas, por estar a la intemperie, entonces las cambiaba. Este laberinto de itinerarios estaba construido de acuerdo con estructuras: seguía rutas precisas marcadas por postes con campanas y cables que imitaban teléfonos. El laberinto es un trabajo hecho para llamar la atención del espectador. El jardín también representa una pequeña cosmogonía. En la casa tenía una biblioteca de setenta volúmenes que había escrito él mismo entre 1930 y 1940, y que no mostró a nadie. Probablemente Schulthess murió de hipotermia. Las autoridades de Tessin y sus herederos decidieron destruir su obra por lo que muy pocas placas sobreviven.